Problemas de conducta en adolescentes

Problemas de conducta en adolescentes

Problemas de conducta más comunes en adolescentes.

Los problemas de comportamiento entre los adolescentes son más comunes entre los varones que entre las chicas y se presentan especialmente en la franja de edad de 13 a 16 años.

Los problemas de conducta tienen una etiología multicausal. Así, hay factores genéticos, biológicos (relacionados con determinados neurotransmisores), educativos (padres con trastornos mentales, padres que no educan bien, padres que no ponen límites…) y sociales (malas compañías, nuevos modelos familiares, crisis económica…).

Uno de cada cinco adolescentes sufrirá un problema de conducta. Los más habituales son el TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) , el trastorno disocial y el trastorno negativista desafiante (TND).

Además, los nuevos valores personales (individualismo, deseo de recompensas inmediatas y poca tolerancia a la frustración) hacen que este tipo de alteraciones de conducta hayan aumentado en los últimos años.

Así, los problemas de conducta se han convertido en la principal demanda de atención en salud mental en el colectivo de adolescentes.

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En los últimos años se ha producido un incremento de los síntomas asociados a los problemas de conducta entre los adolescentes. Los factores de riesgo que han precipitado la aparición de estos trastornos son los siguientes:

  • Insuficiente atención a los hijos por parte de los padres.
  • Bajo rendimiento académico.
  • Escasa tolerancia al malestar o a la frustración.
  • Pérdida del valor de la autoridad (padre, profesor, policía…).
  • Familias desbordadas por los problemas.
  • Abuso de sustancias.
  • Precocidad en la adolescencia.
  • Pocas relaciones sociales.
  • Impulsividad.
  • Debut temprano de comportamientos agresivos.
  • Trastornos mentales.
  • Inadecuado control parental.

Los adolescentes pueden manifestar sus problemas de conducta de una forma internalizante, con depresión o ansiedad, o de una forma externalizante, mediante conductas desafiantes.

Los problemas de comportamiento suelen evolucionar en procesos lentos. Así, hay que estar atento ante las siguientes señales de alarma que pueden anunciar un problema de conducta:

  • Bajada en las calificaciones escolares.
  • Irritabilidad, agresividad.
  • Pérdida de amistades.
  • Descuido de la higiene.
  • Comportamientos raros, no habituales.

Para distinguir situaciones conflictivas concretas de problemas de comportamiento hay que tener en cuenta que estos últimos afectan a varios ámbitos (escolar, social, familiar) y que no se presentan de forma aislada sino de manera continuada en el tiempo.

Síntomas de problemas de conducta en adolescentes.

Cuando se descubre un problema de comportamiento en el adolescente es muy importante reaccionar cuanto antes coordinándose entre familia, centro escolar y pediatra. Algunos niños deben recibir terapia psicológica o asistencia psiquiátrica para resolverlos, y en otros casos es suficiente con una reeducación de rutinas y conductas.

Para reconocer un problema de comportamiento en un adolescente es necesario fijarse en los siguientes síntomas:

Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH)

El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH) afecta a entre el 3 y el 7% de la población. El TDAH es, en la actualidad, el trastorno que genera más consultas en los servicios de salud mental.

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Estos son los síntomas del TDAH, que deben mantenerse al menos seis meses y afectar de forma directa a los ámbitos familiar, social y escolar.

En cuanto al déficit de atención:

  • Falta de atención al realizar tareas escolares, lúdicas o de otro tipo, lo que le lleva a cometer errores y a no fijarse en los detalles.
  • Sensación de que no escucha cuando se le habla directamente.
  • Se distrae con mucha facilidad ante un estímulo externo.
  • Pierde objetos personales con mucha frecuencia.
  • Le cuesta organizar sus tareas y sus estudios.
  • Tiene dificultad en seguir las instrucciones que se le dan para realizar tareas escolares o de otro tipo.
  • Es propenso a los olvidos.
  • No se siente atraído y evita las actividades que requieren esfuerzo mental continuado.

En cuanto a la hiperactividad:

  • No puede mantenerse tranquilo mientras juega.
  • Juguetea con manos y pies o se retuerce mientras realiza otras actividades.
  • Tiene dificultad para permanecer sentado y se levanta cuando no debería hacerlo.
  • Corre o salta cuando la situación no lo requiere.
  • Habla excesivamente.
  • Contesta de forma rápida o impulsiva antes de que se le acabe de formular la pregunta.
  • Interrumpe las conversaciones o las acciones de otros.
  • Espera su turno con mucha dificultad.
  • Muestra mucha impaciencia.
  • Está en un estado de agitación casi permanente.

Trastorno negativista desafiante (TND)

El trastorno negativista desafiante (TND) afecta a entre un 3 y un 8% de los niños y es más frecuente entre los varones. Es, junto con el TDAH, el problema de comportamiento más común entre los adolescentes. Los niños con trastorno negativista desafiante muestran irritabilidad, susceptibilidad y un comportamiento hostil hacia los demás y hacia las figuras que representan la autoridad, como los padres, los adultos o los profesores.

Estos son los síntomas del trastorno negativista desafiante (TND):

  • Pierde la calma con frecuencia.
  • Es muy susceptible y se molesta con mucha facilidad.
  • Se muestra irritable y puede tener accesos de cólera.
  • Tiene resentimiento y es vengativo.
  • Culpa a los demás de sus errores y/o problemas.
  • Desafía las normas.
  • Se muestra hostil hacia las figuras de autoridad.
  • Se niega a cumplir órdenes.
  • Molesta a los demás de forma intencionada.

Trastorno disocial

El trastorno disocial afecta a entre un 1,5 y un 3,4% de la población y se da más entre los varones. Es uno de los problemas de comportamiento más habitual entre los adolescentes y se caracteriza por la agresividad y la confrontación con los demás de forma reiterada.

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Estos son los síntomas del trastorno disocial:

  • Acosa, amenaza o intimida a otras personas.
  • Inicia peleas a menudo.
  • Se muestra cruel con otras personas.
  • Se muestra cruel con animales.
  • Miente y engaña para obtener objetos o favores que quieren o para evitar obligaciones.
  • Roba objetos de valor.
  • Ha quemado intencionadamente algún objeto.
  • Falta a clase a menudo (comenzando antes de los 13 años).
  • Sale por la noche aunque se lo prohíban (a menudo antes de los 13 años).
  • Pasa la noche fuera de su casa aunque no le dejen (con frecuencia antes de los 13 años).

Factores protectores frente a los Problemas de conducta en adolescentes.

Hay algunos factores protectores frente a los trastornos de comportamiento en los adolescentes. Se trata de algunas situaciones o características personales que actúan protegiendo al adolescente para que tenga menos riesgo de padecer un trastorno de comportamiento en el presente o en el futuro.

Es importante saber de cuáles se trata, pues en los últimos años los profesionales han advertido un aumento significativo de este tipo de alteraciones. Así, estos son los factores protectores ante los problemas de comportamiento en esta franja de edad:

  • Ser mujer. Durante la adolescencia, los varones tienen más probabilidades de sufrir un trastorno del comportamiento que las chicas.
  • Gozar de buenas relaciones sociales. Tener una buena red de apoyo social (familia, amigos, compañeros) disminuye el riesgo de que el adolescente tenga problemas de conducta. El aislamiento y la falta de apoyo por parte de sus iguales puede resultar muy negativo en esta etapa de la vida. Es muy importante que el adolescente siente que pertenece a un grupo y que es aceptado en el mismo. Si sufre bullying o ciberacoso, la probabilidad de padecer problemas emocionales, psicológicos o de conducta aumenta.
  • Alto nivel intelectual. El bajo nivel intelectual es un factor de riesgo en la aparición de alteraciones en la conducta durante el periodo de la adolescencia.
  • Poseer habilidades para afrontar el estrés. La adolescencia es una época de intensos cambios emocionales y vitales que pueden provocar un intenso estrés. Cuando el adolescente sabe cómo enfrentarse a ellos se protege a la vez de acabar padeciendo trastornos del comportamiento. Es muy frecuente, además, que los niños y los adolescentes con problemas de este tipo tengan una baja tolerancia a la frustración; por este motivo, hay que insistir en las herramientas que les ayuden a controlar sus emociones y su impulsividad, sobre todo en las situaciones que no resultan agradables para ellos.
  • Disponer de apoyo por parte de adultos. Aunque el adolescente busca su propia identidad con actitudes de oposición hacia el adulto, a la vez necesita seguir contando con su guía, sus límites y su apoyo. Tener unas buenas referencias por parte de adultos los protege de los trastornos de conducta. De hecho, se ha comprobado que muchos de los problemas de comportamiento entre los adolescentes se deben a la falta de tiempo que comparten padres e hijos (especialmente madres e hijos). Este factor es más importante que la falta de recursos económicos en la familia a la hora de desencadenar alteraciones de conducta entre los adolescentes. Igualmente, la pérdida de autoridad por parte de los padres actúa favoreciendo los problemas de conducta, por lo que los progenitores deben mantener su autoridad, pero a la vez mostrándose cercanos con sus hijos y señalándoles límites, pero también cercanía y afecto.
  • Implicación personal y familiar en valores sociales. Dedicarse a tareas de voluntariado o de acción social y disponer de valores solidarios es un factor protector frente a problemas en la adolescencia como las alteraciones de conducta.
  • Ser competente en, al menos, una habilidad. Poseer alguna habilidad especial (saber pintar, ser buen deportista, saber escribir, saber cantar…) también se ha comprobado que actúa protegiendo la mente del adolescente.
Problemas conductuales

Problemas conductuales

Problemas de comportamiento en los adolescentes.

La adolescencia es el momento en que se desarrolla la independencia. Por regla general, los adolescentes ejercitan su independencia poniendo en duda (y a veces quebrantando) las normas. Los padres, psicólogos y médicos han de diferenciar los errores de juicio esporádicos de una mala conducta que requiere tratamiento profesional psicológico.

La gravedad y la frecuencia de las infracciones son indicios. Por ejemplo, beber con regularidad, estar involucrado a menudo en peleas, hacer novillos reiteradamente y los hurtos son mucho más significativos que los episodios aislados de estas mismas faltas. Otros signos de alarma son el empeoramiento del rendimiento escolar y las fugas del hogar. Son motivo de especial preocupación los adolescentes que causan lesiones graves a otros o que usan armas en una pelea.

Código moral y de conducta de los adolescentes.

Dado que los adolescentes son más independientes y volubles que cuando eran niños, frecuentemente quedan fuera del control físico directo de los adultos. En estas circunstancias, el comportamiento de los adolescentes está determinado por su propio código de moral y de conducta.

Los padres actúan como guías en las acciones de los adolescentes, en lugar de controlarlas directamente. Los adolescentes que sienten afecto y apoyo por parte de sus padres son menos propensos a mantener comportamientos temerarios. Además, los adolescentes cuyos padres les transmiten expectativas claras relativas al comportamiento infantil y muestran los límites de forma consistente y los supervisan, tienen menos probabilidades de que sus hijos adolescentes sigan conductas arriesgadas.

Estilos parentales y vínculos afectivos.

vinculo afectivo padres e hijos

El estilo parental basado en la confianza favorece que los niños participen en la configuración de expectativas y el establecimiento de reglas familiares. Con este estilo de crianza de los hijos, en oposición a la crianza autoritaria (en la que los progenitores toman decisiones con el mínimo aporte de sus hijos) o la paternidad permisiva (en la que los progenitores establecen pocos límites) es más probable promover comportamientos maduros.

Por lo general, cuando la intervención parental se basa en la autoridad, los padres utilizan un sistema de concesiones gradual, en el que al principio se da a los adolescentes pequeñas parcelas de responsabilidad y libertad (como cuidar de una mascota, hacer labores domésticas, comprar su propia ropa, decorar su cuarto o gestionar su paga).

Si los adolescentes manejan esta responsabilidad de forma apropiada durante un periodo de tiempo, se les conceden más responsabilidades y más privilegios (como por ejemplo salir con amigos sin supervisión paterna o conducir). En cambio, una actuación poco juiciosa o irresponsable conlleva la pérdida de concesiones. Cada nueva concesión requiere una vigilancia estrecha por parte de los padres para asegurarse de que los adolescentes cumplen con las reglas previamente pactadas.

Algunos padres y sus hijos adolescentes se enfrentan por casi todo. En estas situaciones, el punto central es el control. Los adolescentes quieren sentir que tienen el control de su vida y los padres quieren que los adolescentes sepan que siguen poniendo las reglas. En estas situaciones, todos se benefician de que los padres seleccionen los frentes concentrando sus esfuerzos en las acciones de los adolescentes (como asistir a la escuela y cumplir con las tareas domésticas) más que en sus manifestaciones (como su atuendo, su peinado o su entretenimiento preferido).

Los adolescentes con comportamiento peligroso o de todo punto inaceptable, a pesar de los mejores esfuerzos de sus padres, requieren ayuda profesional.

El consumo de sustancias o drogas es un desencadenante frecuente de los problemas de comportamiento y supone trastornos que requieren un tratamiento específico. Los problemas de comportamiento también pueden ser un síntoma de trastornos de aprendizaje, depresión u otros trastornos mentales.drogas y adolescentes por psicologos valencia

Estos trastornos suelen requerir asesoramiento y los trastornos de la salud mental a menudo también requieren tratamiento con medicamentos. Si los padres no consiguen reorientar la conducta peligrosa de un adolescente pueden solicitar ayuda profesional o, según la práctica y usos de cada país, la designación legal de un tutor u orientador que contribuya al refuerzo de unas reglas domésticas razonables.

Trastornos del comportamiento específicos.

Los trastornos disruptivos del comportamiento son frecuentes durante la adolescencia.

El trastorno de déficit de atención/hiperactividad es el trastorno de salud mental más frecuente de la infancia y a menudo persiste durante la adolescencia y la edad adulta. Sin embargo, los adolescentes que muestran dificultades para prestar atención pueden sufrir otro trastorno, como depresión o una discapacidad para el aprendizaje. Aunque el trastorno de déficit de atención/hiperactividad suele tratarse con fármacos estimulantes (como anfetaminas o metilfenidato), de los cuales se suele abusar, este tratamiento no parece aumentar el riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de sustancias en individuos que reciben un diagnóstico adecuado de déficit de atención/hiperactividad. Por otra parte, algunos adolescentes refieren síntomas de falta de atención en un intento de obtener una receta para estimulantes, ya sea para ser utilizados como una ayuda para el estudio o como recreo.

Otros comportamientos disruptivos frecuentes en la infancia son el trastorno negativista desafiante y el trastorno disocial.

Trastornos emocionales

Trastornos emocionales

Trastornos emocionales de los adolescentes más frecuentes.

Patrones de apego inseguros.

La mayoría de los trastornos emocionales de los adolescentes tienen su origen en patrones de apego inseguros

En la actualidad, gran parte de los trastornos emocionales y conductuales de los adolescentes tienen su origen en patrones de apego inseguro donde prima un vacío emocional y una sensación de rechazo, lo cual provoca el deterioro de los vínculos afectivos y la fragilidad de las relaciones en la primera infancia.

Se trata de unos trastornos que provocan problemas emocionales de identidad y de relaciones, ya que la tendencia es la creación de chicos frágiles a la hora de enfrentarse al mundo. El mundo de transformación en el que vivimos influye directamente en la aparición de trastornos mentales propios de la adolescencia como trastornos de personalidad, trastornos psicóticos, trastorno del estado de ánimo o consumo de drogas.

No es raro que durante la adolescencia los jóvenes se sientan agobiados por temores y miedos, por sentimientos de infelicidad y tristeza, por dificultades para aprender (sin problema médico asociado) o por fallas en la relación con los demás, entre otros problemas.

Cuando estas situaciones son tan intensas que se hacen difíciles de enfrentar por parte del adolescente o de sus padres, pueden terminar transformándose en complicaciones mayores o conductas inapropiadas. En algunos casos, incluso pueden asociarse a la aparición de enfermedades físicas. En todos estos eventos, es recomendable acudir a ayuda especializada.salud en adolscentes psicologos valencia

Trastornos emocionales más comunes en los adolescentes.

La adolescencia es una edad muy complicada, tanto para el joven que está experimentando una gran cantidad de cambios internos y externos que no sabe controlar, como para los padres y adultos que estamos con él, pues su actitud casi siempre suele impedir que se pueda hablar tranquilamente o que podamos comprender qué le ocurre exactamente. En la adolescencia es común la aparición de ciertos problemas psicológicos que son más o menos grave según el trastorno del que se trate, el momento de su identificación y diagnóstico y el tratamiento de psicólogos y apoyo que reciba el adolescente.

​El temperamento de los niños varía y, por lo tanto, estos son bastante diferentes en su capacidad para enfrentar el estrés y los problemas diarios. Algunos niños son de trato fácil por naturaleza y se adaptan fácilmente a los acontecimientos y a las nuevas situaciones. A otros, los cambios en sus vidas los desestabilizan.

La ansiedad en los adolescentes.

Como explican en el Consejo General de la Psicología de España (COP), los adolescentes son nerviosos por naturaleza, pero su ansiedad debe mantenerse dentro de unos límites para que no afecte de manera negativa en su vida. Los adolescentes con altos niveles de ansiedad suelen mostrarse inseguros, perfeccionistas y con gran necesidad de recibir la aprobación de los demás. Por lo general confían poco en sí mismos y son temerosos de muchas situaciones.

La crisis de ansiedad: es «la ansiedad en su grado máximo». Aparece de forma brusca y suele ser de corta duración, aunque muy intensa: da la sensación de muerte inminente. Entre sus síntomas destacan las palpitaciones, sudoración, temblores y sensación de ahogo, así como dolor en el pecho y molestias alrededor del corazón.

En cuanto al Trastorno de Ansiedad, no hay una edad para padecerlo, debido a que todos somos propensos. En la adolescencia produce: inseguridad, deseo por alcanzar la perfección y la aprobación de los demás. Entre sus síntomas destacan las palpitaciones, sudoración, temblores y sensación de ahogo, así como dolor en el pecho y molestias alrededor del corazón. Puede desencadenar en otros trastornos más complejos como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).problemas emocionales en adolescentes por psicólogos valencia

La adolescencia es una etapa de bastantes cambios, es por ello que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como una etapa crucial del ser humano, que se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios. Aunque es sinónimo de crecimiento excepcional y gran potencial, constituye también una etapa de riesgos considerables.

Para lo anterior se recomienda establecer una relación estrecha de los hijos hacia los padres y viceversa, que permita intervenir eficazmente en caso de cualquier anomalía, es decir, saber distinguir entre un lapso de estrés normal y uno prolongado. Es relevante que sepas diferenciar entre los trastornos más comunes con los que no lo son, como:

Depresión

Los adolescentes con depresión por lo general ven todo negativamente y son incapaces de imaginar que cualquier problema o situación se puede resolver de un modo positivo. Es un padecimiento que hace que pierdas el interés por cosas que antes disfrutabas, cambia la forma en la que se perciben a ellos mismos y a las personas que están a su alrededor.

Va más allá de lapsos pequeños de tristeza es como una forma de ver la vida. Según la OMS, la depresión es más frecuente de lo que se piensa, y calcula que más de 300 millones de personas en todo el mundo la padecen. Si nota que su hijo tiene más de dos semanas en un estado de tristeza o angustia, contacte con un profesional.

Estrés

La adolescencia es una de las épocas más estresantes, debido a los numerosos cambios físicos y psicológicos. Se define como una alteración que se produce cuando estamos sometidos a una amenaza o a una demanda que nos parece difícil de asumir. El estrés agudo produce: ansiedad, aislamiento, agresividad, entre otros padecimientos. Los hijos de padres perfeccionistas se vuelven más propensos a padecerla.

Trastorno bipolar

También conocido como la depresión maníaca, es una enfermedad mental que incluye episodios serios de la manía y la depresión. Causa cambios drásticos de altas y bajas de temperamento, una persona bipolar va de sentirse extremadamente deprimido y sin esperanza a feliz y optimista, con períodos de temperamento normal entre los cambios. Típicamente comienza en la adolescencia o durante la temprana adultez y continúa a través de toda la vida, a pesar de que suele confundirse con simples problemas en la personalidad o la actitud, una vez diagnosticada es una de las enfermedades mentales más tratables.

Trastornos de alimentación

También conocidos como trastornos de la conducta alimentaria, consisten en graves alteraciones en las conductas relacionadas con la alimentación y el control de peso, están asociados con una gran variedad de consecuencias psicológicas, físicas y sociales adversas. Los jóvenes, al sentirse presionados por cumplir con los estándares de belleza impuestos por la sociedad, suelen caer en problemas de bulimia, anorexia y otros derivados.trastornos alimentacion adolescentes psicologos valencia

Todos estos trastornos, si bien, pueden afectar el desarrollo adolescente de tus hijos son tratables, si se diagnostican a tiempo. La mejor forma de combatirlos es acercarte a tus hijos, aún cuando quieran estar solos. Otra forma de apoyarlos es haciendo equipo con sus maestros y pedir ayuda al personal psicológico de su colegio, en caso de creerlo necesario. Por último, recuerda que las enfermedades mentales deben tratarse a tiempo, ya que aunque se presentan en la adolescencia, no desaparecen con ella.

Consejos para educar a un hijo durante la adolescencia

Consejos para educar a un hijo durante la adolescencia

Guía para sobrevivir a la adolescencia de su hijo.

Entender la adolescencia.

Pero, ¿cuándo empieza exactamente la adolescencia? El mensaje que hemos de transmitir a nuestros hijos es que todo el mundo es diferente. Hay niños que hacen el cambio muy pronto y niños que lo hacen muy tarde, unos que maduran a la velocidad de la luz y otros que lo hacen lenta pero paulatinamente. En otras palabras, existe un amplio abanico de posibilidades sobre lo que se considera normal.

Pero es importante establecer una distinción (aunque un tanto artificial) entre la pubertad y la adolescencia. La mayoría de nosotros pensamos en la pubertad como en la etapa en que se desarrollan las características sexuales adultas: los senos, el período menstrual, el vello púbico y la barba. Estos son, desde luego, los signos más visibles de la pubertad y de la adultez inminente, pero los chicos que presentan estos cambios físicos (aproximadamente entre los 8 y los 14 años), pueden estar experimentando un montón de cambios que no se pueden percibir desde afuera. Estos son los cambios de la adolescencia.

Guía para sobrevivir a la adolescencia de su hijo.

Si consideramos que la adolescencia es un período de intenso desarrollo, no solo físico, sino también moral e intelectual, es comprensible que sea una etapa tumultuosa y confusa para muchas familias.

A pesar de las percepciones negativas que tienen algunos adultos sobre los adolescentes, estos a menudo son enérgicos, considerados, idealistas y tienen un gran interés por lo que es justo y correcto. De modo que, a pesar de que puede ser un período conflictivo entre padres e hijos, la adolescencia también es un período para ayudar a los chicos a madurar y convertirse en las definidos individuos que serán en el futuro.

Muchos niños dan muestras de que ya han entrado en la adolescencia al hacer un cambio drástico en la forma de relacionarse con sus padres. Empiezan a separarse de «mamá y papá» y a ser más independientes. Al mismo tiempo, los chicos de esta edad cada vez dan mayor importancia al modo en que los ven los demás, especialmente los demás chicos de su edad, e intentan desesperadamente «encajar» en el grupo y ser aceptados. Sus amigos se vuelven mucho más importantes, en comparación con sus padres, a la hora de tomar decisiones.adolescentes psicologia valencia

Los chicos de esta edad a menudo empiezan a «probar» cómo se sienten en diferentes apariencias físicas, estilos e identidades, y adquieren mayor conciencia de en qué difieren de los demás chicos de su edad y esto puede generar momentos de tensión y conflicto con los padres.

Alejándose de las figuras paternas. La Rebeldía del adolescente.

Uno de los estereotipos más extendidos sobre la adolescencia es la del chico rebelde e indomable que lleva constantemente la contra a sus padres. Aunque ésto puede darse en algunos casos y ésta es una etapa de altibajos emocionales, ese estereotipo no es representativo de la mayoría de los adolescentes.

Pero la principal meta de un adolescente es lograr la independencia. Para que ésto ocurra, los adolescentes empezarán a alejarse de las figuras paternas, sobre todo del progenitor con quien hasta ahora habían mantenido una relación más estrecha. Ésto puede ponerse de manifiesto en la tendencia de los adolescentes a discrepar de sus padres y a no querer pasar tanto tiempo con ellos como antes.

A medida que van madurando, los adolescentes empiezan a pensar de un modo más abstracto y racional. Se están formando su propio código ético, su propia escala de valores. Y los padres es posible que constaten que sus hijos, que antes tendían a conformarse para complacerles, de repente, empiezan a autoafirmarse (y a afirmar sus opiniones) con fuerza y a rebelarse contra el control paterno.

Tal vez sea un buen momento para que analice detenidamente cuánto espacio deja a su hijo para que sea un individuo y que se formule preguntas como: «¿Soy un padre controlador?» «¿Escucho realmente a mi hijo?» o «¿Permito que sus opiniones y gustos difieran de los míos?»

Consejos para educar a un hijo durante la adolescencia.

Hable con su hijo antes de que sea tarde

Hablar con un hijo sobre las poluciones nocturnas (sueños húmedos) o sobre la menstruación cuando ya haya tenido esas experiencias es llegar demasiado tarde. Responda a las primeras preguntas sobre el cuerpo que le haga su hijo cuando todavía sea un niño, como las diferencias entre chicos y chicas o de dónde vienen los niños. Pero no le sature con demasiada información; limítese a responder a sus preguntas. Si no conoce las respuestas, ayúdele a encontrar a alguien que las conozca, como un amigo de confianza o su pediatra.

Usted conoce a su hijo. Cuando constate que empieza a contar chistes sobre sexo o que se preocupa más por su aspecto físico, será un buen momento para que usted se lance con sus propias preguntas, como:

  • ¿Has notado cambios en tu cuerpo?
  • ¿Tienes sentimientos y/o sensaciones extrañas?
  • ¿A veces te pones triste sin saber por qué?

La revisión médica anual puede ser una gran oportunidad para sacar a colación este tipo de cuestiones. El pediatra puede explicarles, a su hijo preadolescente y a usted, qué cambios pueden esperar en los próximos años. Puede utilizar el examen médico como punto de partida para mantener una conversación abierta con su hijo. Cuanto más retrase esa conversación, más probabilidades habrá de que su hijo se forme ideas equivocadas y sienta vergüenza o temor ante los cambios corporales y emocionales que irá experimentando.psicologo adolescentes valencia

Además, cuanto antes empiece a hablar abiertamente sobre estos temas, más probabilidades tendrá de mantener abiertos los canales de comunicación durante toda la adolescencia. Dele a su hijo libros sobre la pubertad escritos para chicos que están atravesando esta etapa. Comparta con su hijo los recuerdos de su propia adolescencia. Para tranquilizar a un chico, no hay nada como saber que «mamá o papá» también han pasado por eso.

Póngase en el lugar de su hijo

Practique la empatía con su hijo. Ayúdele a entender que es normal que esté un poco preocupado o cohibido y que también es normal que a veces se sienta «mayor» y otras como si todavía fuera un «niño».

Escoja sus batallas

Si su hijo adolescente quiere teñirse el pelo, pintarse de negro las uñas de los pies o vestir de forma estrafalaria, tal vez valga la pena que usted lo piense dos veces antes de oponerse. A los adolescentes les gusta sorprender a sus padres y es mucho mejor dejarles que lo hagan con cosas que son temporales e inofensivas. Guárdese las objeciones para las cosas que importan de verdad, como el tabaco, las drogas, el alcohol o cambios permanentes (e irremediables) en su aspecto.

Pregunte a su hijo por qué quiere vestirse o tener un aspecto dentro de una determinada manera e intente comprender cómo se siente. Es posible que también le interese comentarle cómo lo percibirán los demás: ayude a su hijo a entender como lo verán los demás cuando vista o se vea de ese modo.

Fije expectativas realistas

Es probable que a un adolescente le desagraden las expectativas que sus padres tienen sobre él. De todos modos, los adolescentes suelen entender y necesitan saber que sus padres se preocupan lo suficiente por ellos como para esperar determinadas cosas, como que saquen buenas notas, se comporten correctamente y respeten las normas de la casa. Si los padres tienen unas expectativas apropiadas, es más probable que los adolescentes intenten cumplirlas. Si usted no tiene unas expectativas razonables sobre su hijo adolescente, es posible que él sienta que no se preocupa por él.

Informe a su hijo y manténgase informado

La adolescencia suele ser una etapa de experimentación y a veces esa experimentación incluye comportamientos arriesgados. No eluda los temas relacionados con el sexo, las drogas, el alcohol y el tabaco; si conversa con su hijo abiertamente sobre estos temas antes de que se exponga a ellos, habrá más probabilidades de que actúe de forma responsable cuando llegue el momento. Comparta los valores de su familia con su hijo y hable con él sobre lo que considera correcto e incorrecto.

Conozca a los amigos de su hijo y también a los padres de sus amigos. La comunicación habitual entre los padres puede hacer maravillas para crear un ambiente seguro para todos los adolescentes que pertenecen al mismo grupo. Los padres pueden ayudarse los unos a los otros a hacer un seguimiento de las actividades de sus hijos sin que éstos se sientan vigilados.

Sepa identificar las señales de alarma

Que una persona experimente cierta cantidad de cambios es algo normal durante la adolescencia, pero un cambio demasiado drástico o duradero en la personalidad o comportamiento de un adolescente puede indicar que existe un problema real que requiere ayuda profesional.

Esté pendiente de si su hijo presenta una o varias de las siguientes señales de alarma:

  • aumento o pérdida excesiva de peso
  • problemas de sueño
  • cambios rápidos y drásticos en su personalidad
  • cambio repentino de amigos
  • faltar a clase continuamente
  • sacar peores notas
  • hablar o, incluso, bromear sobre el suicidio
  • indicios de que fuma, bebe alcohol o consume drogas
  • problemas con la ley

Cualquier otro comportamiento inadecuado que dure más de 6 semanas también puede ser un signo de algún problema subyacente. Durante esta etapa, usted puede esperar que su hijo tenga algún que otro tropiezo en los estudios o en el comportamiento, pero un estudiante de notables y sobresaliente no debería de repente empezar a fallar, ni una persona que suele ser extrovertida debería aislarse de todo el mundo. En tal caso, el pediatra de su hijo, o bien un psicólogo o psicopedagogo, podrían orientarle para encontrar la ayuda profesional adecuada para él.

Respete la intimidad de su hijo

A algunos padres, comprensiblemente, les cuesta mucho respetar la intimidad de su hijo. Sienten que todo cuanto hacen sus hijos es asunto suyo. Pero, para ayudar a su hijo a convertirse en un adulto joven, deberá respetar su intimidad. Si usted detecta señales de alarma de que su hijo podría tener problemas, entonces no tendrá más remedio que invadir su intimidad hasta llegar al fondo del problema. Pero, en caso contrario, deberá mantenerse al margen.

En otras palabras, el dormitorio de un adolescente, sus libros, sus correos electrónicos y sus llamadas telefónicas deben ser algo completamente privado. Tampoco debe esperar que su hijo comparta con usted todas sus ideas o actividades.

Está claro que, por estrictos motivos de seguridad, usted siempre debe saber dónde está, qué está haciendo, con quién está y cuándo volverá su hijo, pero no necesita conocer todos los detalles. Y, por descontado, ¡no espere que le pida que le acompañe!

Empiece por la confianza. Deje que su hijo sepa que usted confía en él. Pero, si se rompe la confianza, su hijo deberá disfrutar de menos libertades hasta que la recupere.

Supervise lo que ve y lo que lee su hijo

Programas de televisión, revistas, libros, Internet; los chicos pueden acceder a un montón de información. Esté al tanto de lo que ve y lee su hijo. No tema fijarle límites sobre la cantidad de tiempo que puede pasar delante del televisor o de la computadora. Sepa qué aprende su hijo de los medios de comunicación y con quién se comunica a través de Internet.

Cuando están a solas, los adolescentes no deben tener un acceso ilimitado a la televisión o a Internet; ambas deberían ser actividades de carácter público. El acceso a la tecnología también se debería restringir a partir de determinada hora (por ejemplo las 10 de la noche) para favorecer una cantidad adecuada de horas de sueño. Es razonable prohibir el uso del teléfono móvil y la computadora a partir de determinada hora.

Establezca normas apropiadas

La hora a la que su hijo adolescente debe acostarse ha de ser la adecuada para su edad, como cuando era un bebé. Los adolescentes todavía necesitan dormir de 8 a 9 horas por la noche. Recompense a su hijo por ser una persona digna de confianza. ¿Respeta el «toque de queda» de las 10 de la noche los fines de semana? En tal caso, desplácelo hasta las 10:30. ¿Tiene un adolescente que participar siempre en las salidas familiares? Fomente que su hijo pase una cantidad de tiempo razonable con la familia.

Decida cuáles son sus expectativas y no se sienta ofendido cuando su hijo no quiera pasar tanto tiempo con usted como antes. Piense en su propia adolescencia: probablemente usted sentía lo mismo con respecto a sus propios padres.

¿Se acabará alguna vez?

A medida que su hijo avance por los años de la adolescencia, usted notará que disminuyen los altibajos emocionales propios de esta etapa. Y, al final, se convertirá en un joven independiente, responsable y comunicativo.

 

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